La leyenda dice que el marqués de Linares, que se llamaba José de Murga, se enamoró de una cigarrera de Lavapiés llamada Raimunda. Se lo dice a su padre y éste para que se le vaya de la cabeza lo manda a estudiar a Londres. Pero no se le pasa y cuando vuelve se casa con ella.

Tienen una niña a la que llaman Raimunda. Al poco tiempo muere el padre y entre sus papeles encuentra una carta de su padre en que se descubre que Raimunda es hija de una relación extra que tuvo con una cigarrera. Por lo tanto, la niña es fruto de un incesto.

Como ya estaban casados y tenían una hija acudieron al Papa quien les otorgó una bula llamada “Casti convivere” (convivir en castidad), imposible, ahí está la niña para demostrar que no.

Ante el escándalo del incesto, la pareja decide asesinar a la pequeña. El marqués empareda el cadáver en la Casa de las Muñecas, anexa al edificio, en un recinto que había sido construido para servir de zona de juegos para sus hijos. Finalmente, la marquesa muere de pena y el marqués termina suicidándose.

Todavía hoy, continúa el espíritu de la niña Raimunda, cantando canciones infantiles y llamando a sus padres.

Existe la creencia popular de que la parcela está maldita desde que los franceses cometieran sobre ella todo tipo de atrocidades durante la Guerra de la Independencia.

 

María Antonia Mantecón