Estamos en Madrid en tiempos de Felipe II, sobre el año 1680. En la Plaza Sacramento, entre la calle Madrid y la del Rollo había una casa en la que vivía un matrimonio musulmán, posiblemente de conveniencia puesto que ella era joven y muy guapa y él viejo y bastante feo.

En una salida a comprar ella conoce a un joven cristiano, vuelven a verse, se enamoran y como la ley del deseo impera en todos, se hacen amantes, aprovechando las salidas frecuentes del marido para reunirse en el desván de su casa y gozar de su amor.

Un día buen día, sin avisar, el joven dejó de acudir y así siguieron días y días sin saber nada de él. Ella empezó a preocuparse, pero ¿qué podía hacer? La fue invadiendo la tristeza y marchitándose poco a poco. Pasó el tiempo y el marido murió.

Ella decidió arreglar la casa que tanto le recordaba a su amante. Subió al desván donde tiempo atrás se reunía clandestinamente con su amante pasando los mejores momentos de su vida y al que no había querido volver para no recordar, y se encontró con un espectáculo horripilante. Dentro de los muebles que estaban allí arrinconados había pedazos del cuerpo del joven cristiano y la cama estaba empapada en sangre.

Imaginó lo que había pasado. Quizá sospechando algo el marido le comunicó un viaje al que no iría, descubrió al joven y lo mató, después lo descuartizó para poder esconderlo.

Pensando en el joven y su religión, se convirtió al cristianismo y para demostrarlo puso una cruz de madera sobre el tejado.

Esta casa no puede verse actualmente ya que en 1972 fue derribada, junto con el resto del bloque, para construir un parking.

María Antonia Mantecón