Situada en una colina, fue núcleo prehistórico y después ocupada por los vacceos, pueblo agricultor que habitaba la Tierra de Campos, los Torozos, los Cerratos y parte del Duero, llamada Vacceia o Vacca. Después sería romana y, precisamente sobre lo que fuera un fuerte romano, Fernando I mandó, sobre el 1060, construir un Castillo.

Cien años después pertenece a Doña Sancha, que encarga que sea amurallada y se ocupa de poblarla y de que sea declarada Villa. En su honor se trasladan a Urueña las reliquias de San Albino.

Perteneció al reino de León hasta que en 1183 pasa, por el Tratado de Fresno-Lavandera, al Reino de Castilla. En 1217 Alfonso IX toma Urueña, que aparece como cabeza o capital de la Merindad del Infantado de Valladolid. En 1354 reside temporalmente en Urueña María de Padilla. Su amante, el Rey Pedro I el Cruel la visita, según escriben las crónicas. En 1397, con motivo de un Capítulo General de la Orden de Calatrava, se menciona un priorato de la orden que había en Urueña, con título de Santa María de Urueña. Es probable que la actual parroquia se construyera sobre esa Iglesia y que todavía esté bajo su suelo la cripta donde eran enterrados Los Caballeros de Calatrava que morían en la zona.

Hasta aquí llegó la Guerra de la Independencia y muchos de sus habitantes fueron fusilados.

En 1975 es declarada Conjunto Histórico-artístico. En esta década se restauran las murallas del siglo XII.

Desde el adarve de las murallas se ve una preciosa ermita románica, extramuros: Nuestra Señora de la Anunciada. También se ven varios palomares típicos de Castilla.

El actual Castillo, muy arruinado, ha sido usado como cementerio, pero fue una impresionante fortaleza que hacía de frontera entre Castilla y León. En él han vivido personajes históricos como María de Padilla o han estado prisioneros como la Princesa de Portugal, el Conde de Urgell Jaime II o el Conde Pedro Vélez castigado por tener amores con una prima del Rey Sancho III. Un romance lo cuenta estupendamente:

que el conde don Pedro Vélez

en el palacio fue hallado

con una prima carnal

del rey Sancho el Deseado,

las calzas a la rodilla

y el jubón desabrochado…

No puede ser más gráfico.

Os he hablado de este pueblo porque merece la pena si estáis por esa zona que lo visitéis. Es una ciudad totalmente medieval, se puede pasear por el adarve de las murallas y ver un panorama totalmente castellano, como un cuadro, igual al que tenemos en la imaginación cuando se piensa en Castilla. (Os aseguro que la mayoría de las veces lo que imaginamos no tiene nada que ver con la realidad).

Se come muy bien (si tenéis la suerte de pillar una mesa, porque está siempre lleno) y merece la pena visitar los museos, las librerías o la Fundación Joaquín Díaz, al que conozco desde hace 50 años cuando con otros amigos cantaban en mi casa en Valladolid.

 

María Antonia Mantecón