Cuando en el año 1761 el ruso Lomonósov quiere comprobar y estudiar el tránsito de Venus entre el sol y la tierra, escoge a cien astrónomos reconocidos para distribuirlos por diferentes partes del mundo para que vayan tomando notas y, una vez recogidas todas, hacer sus cálculos.

Este tránsito tiene lugar de una manera regular, pero rara. Si pasase hoy volvería a hacerlo dentro de 105,5 años, pasaría y volvería al cabo de 8 años, pasaría y la próxima vez sería al cabo de 121,5 en que volvería a pasar y tardaría otra vez 8 años en hacerlo, y así sucesivamente.

Uno de los seleccionados es Guillaume Le Gentil, astrónomo francés muy conocido ya por haber descubierto varias galaxias y alguna nebulosa.

Le Gentil escoge como lugar perfecto la ciudad de Pondicherry en la India.

El tránsito iba a tener lugar el 6 de junio de 1761 por lo que se embarca hacia allá 15 meses antes (viajar en aquella época era cuestión de tiempo). Después de un largo periplo, en el que tienen peste y ratas, el barco llega a Isla Mauricio, donde le espera una mala noticia: Francia e Inglaterra están en guerra. Los ingleses han tomado Pondicherry y fusilarán a cualquier francés que llegue.

Sale de Isla Mauricio embarcado y después de pasar por el ataque de un barco inglés y una gran tormenta, el día del tránsito se encuentra en medio del Océano Índico y le resulta imposible hacer mediciones debido al movimiento del barco.

El próximo tránsito será 8 años después y el siguiente tardará más de 100. Decide que, con lo que tardaría en llegar a Francia y volver a la India, mejor se espera los 8 años en Manila. Pero en Manila, entonces español, lo consideran un espía y no es bien recibido. Piensa en las Islas Marianas, pero también son españolas. Mientras decide y no, han pasado 2 años y Pondicherry vuelve a ser británico, así que decide ir allí.

Todo está preparado, se ha construido un observatorio, tiene todas las medidas que necesita, el tiempo es bueno, no hay guerras a la vista, pero… ese día hay una terrible tormenta y no puede ver nada. En un ataque de rabia prende fuego a su observatorio.

Decide regresar a Francia, pero una disentería le retrasa el viaje 9 meses. Embarca y durante un tifón cae por la borda, cerca de Isla Reunión. Es rescatado por un barco español, tras varias peripecias más llega a Cádiz y continua por tierra. Cuando llega a Francia han pasado 11 años y medio y ve que lo han dado por muerto. Sus cartas no han llegado.

Su mujer se ha vuelto a casar, su puesto en la Real Academia de Ciencias ha sido ocupado por otro y sus bienes se han repartido entre sus herederos.

En el proceso de recuperación intervino hasta el Rey Luis XV.

Murió en París en 1792 y en la luna hay un cráter que lleva su nombre.

 

María Antonia Mantecón