Era la segunda esposa de Fernando el Católico.

Al quedarse viudo de Isabel la Católica, sin un hijo varón que heredase la corona y temiendo que esta pasase a su yerno Felipe el Hermoso (casado con su hija Juana la Loca, a quien le correspondería), decide casarse con Germana de Foix, de 18 años (él tenía en esos momentos 53, un viejo para la época). Tienen que firmar unas capitulaciones, pero Fernando temiendo morir sin un hijo, las firma para luego desvivirse por irlas anulando o cambiando.

 

Como es un “enchufado” del Papa, (para algo han estado Isabel y él luchando por la religión católica) no solo consigue que estas capitulaciones no sean válidas, sino que excomulgue al Rey francés. Algo gravísimo en aquella época.

 

Consiguió dejar embarazada a Germana, pero el niño murió al poco de nacer. Fernando viviría 10 años, pero ya no tuvieron más hijos a pesar de que él tomaba todos los afrodisíacos habidos y por haber, que le provocaron un fallo cardiaco o una embolia cerebral, no se ponen de acuerdo.

 

Dejemos de lado las trifulcas entre quienes querían que la heredera fuera Juana la Loca y los que aceptaban que fuera su hijo Carlos I. Este, se pone en marcha hacia España, sin saber ni una palabra de castellano ni conocer el carácter de los españoles. Para más inri se trae su séquito de alemanes y flamencos, lo que acaba enfadando a los castellanos y de rebote a los valencianos. Esto dará lugar, años más tarde, al levantamiento de las Germanías y los Comuneros.

 

Volvamos a Germana de Foix. Ha recibido en herencia las villas de Madrigal y Olmedo en Castilla y rentas y cargos que la hacían lugarteniente de Aragón, Cataluña y Valencia. Para que se cumpla su testamento Fernando ha escrito a su nieto pidiéndole que lo respete. Este comprendiendo que era mucho dinero lo de Aragón, Cataluña y Valencia, se lo cambia a Germana por el señorío de Arévalo (ahora Arévalo es conocido solo por su cochinillo asado, pero en aquella época era una ciudad importante).

 

Al quedarse viuda se retira al Monasterio de Guadalupe hasta que… ¿Por conveniencia? ¿Por amor? El caso es que abuela y nieto se lían. Él tiene 17 años, no conoce a nadie y ella 29 y no es guapa, pero sí divertida y culta, además de un poco coja, y sobre todo habla francés, igual que él. ¡Pueden entenderse!

 

Y lo hacen tan bien que tienen una hija, Isabel de Castilla, que Carlos nunca reconocería, y que fue dejada en el convento de Madrigal. No olvidemos que era señora de esa villa. En el mismo convento ya estaban dos hijas bastardas de Fernando el Católico.

 

Para acallar las murmuraciones Carlos la casa con uno de los señores que habían venido con él desde Alemania y la nombra Virreina de Valencia.

 

El matrimonio viene a vivir a Valencia donde ella organiza una corte tipo italiano, con poetas, escritores etc. Su marido, Juan de Brandeburgo morirá pronto (dicen que de excesos en una noche de amor con su esposa). Vuelve a verse juntos al nieto y a la abuelastra, surgen otra vez los comentarios y deciden casarla esta vez con el Duque de Calabria.

 

La revuelta de las Germanías se produce estando ella como virreina de Valencia y firmará más de 800 sentencias de muerte. Parece que además de culta, refinada y divertida también era cruel.

 

Muere en Valencia en 1538, con 48 años y obesidad mórbida. Está enterrada en el Monasterio de San Miguel.

 

María Antonia Mantecón