Amante, amigo,
tu corazón entiende
las miradas ocultas dentro del alma.
Mi boca llora por todos los besos
que no te he dado.

Si tuviéramos un sitio
en nuestras camas,
si yo pudiera explicar el porqué
de tanto dolor innecesario,
seríamos, tu y yo,
la única lágrima,
invisible pájaro diurno,
violenta llamada nocturna.

Tendríamos
el increíble abrazo, la piel clara y rítmica
golpeando
nuestro herido cuerpo de casados.

Tú llamas.
preguntas
si mi boca mordida te nombra.
Yo llamo,
pregunto
en qué resto me he perdido.
Y eres, estás y te busco
en el país del amor eterno.

 

María Antonia Mantecón